Escrito Sobre Piedra
Sobre la Litografía.
La primera vez que llegué al arte de la litografía fue gracias a una amiga de la familia. Fuimos a un taller que quedaba en la provincia de Buenos Aires, cruzando la General Paz. Más adelante descubriría que ese lugar era, y sigue siendo, uno de los talleres que realiza la mayoría de las litografías de casi todos los artistas en Argentina. Desde León Ferrari hasta Milo Lockett, casi todos pasaron por ahí.
Esa fue mi primera y última vez haciendo una litografía. A veces, en esas fantasías donde quiero abarcar todo el espectro gráfico y visual, me ilusiono con volver a intentarlo. Me dan ganas de ver un garabato replicado sobre varias hojas de buena calidad.
La litografía es una técnica de impresión basada en la repulsión entre el agua y la grasa. Consiste en dibujar con un material graso sobre una superficie (tradicionalmente, una piedra caliza). Luego, se humedece esa superficie y el agua solo se adhiere a las zonas no dibujadas. Finalmente, se aplica tinta grasa que se pega a las partes dibujadas y, mediante presión, se transfiere el dibujo al papel.
(Esta parte la copié literalmente de Google, sí).
Lo que me sigue llamando la atención es que esta técnica —tan precisa, tan química y a la vez tan expresiva— fue inventada por un dramaturgo. Me encanta esa combinación. Me imagino el teatro en la tinta, las palabras dibujadas sobre piedra.
No quiero ponerme acá a debatir si la litografía es mejor o peor que otras formas de reproducción gráfica. Pero siempre me pareció que tiene una fidelidad bastante notable. En muchos casos, incluso más que la serigrafía. Hay algo en la línea, en la textura, en cómo se ejerce esa presión que se traspasa a la hoja, que me resulta profundamente atractivo.



Este texto no surgió de la nada. Empezó cuando me topé con un artículo del New Yorker sobre Ben Shahn. Leyendo sobre su vida y su obra, me di cuenta de que, más allá de sus pinturas, lo que más me interesaba eran sus litografías. Hay algo en esa línea clásica, de dibujo puro, que tiene una fuerza de persuasión y un impacto visual que no veo tan seguido en otros medios.
Siguiendo ese hilo, encontré en internet una litografía que Alexander Calder hizo como homenaje a Ben Shahn. Me sorprendió. Calder, que es más conocido por su escultura (para mí, uno de los mejores del siglo XX), también tiene esos dibujos de línea y de color que tanto me gustan. De hecho, en lo de mi madre hay dos litografías suyas que me encantan.
Y ahí es donde pienso en lo fantástico de cómo la línea, lo lúdico y la réplica pueden convivir, llegar a cualquier lugar y permanecer vigentes en el tiempo.





